Son mujeres que acompañan a sus hijes en el sinuoso camino de acceso a la ecuanimidad después de haber sufrido abusos sexuales en sus niñez.
“Al atropello carnal en las niñez lo entendemos como un problema de rígido Humanos. El poder procesal en Argentina se les presenta ajeno, apático y muchas veces violento. Están en todo el país, se reconocen feministas algunas, herederas de otra generación de mamá que lucharon por ecuanimidad para sus descendiente e hijas.
Puede llegar incluso hasta embarazos. Implica un estropicio comparable a la tortura. Desde el punto de vista físico en los incidente en los que hay estropicio físico e irrupción física. También hay un estropicio psíquico que se prolonga a lo largo de la vida de esa persona”, explica a Tiempo Argentino, Yama Corin.
Hace más de una década sostiene la denuncia antagonismo su progenitor.
Es madre protectora y su hija, Luna, ya tiene 20 anales. Los hechos sucedieron entre sus 6 y 9 anales. El juicio oral está previsto para agosto de 2023, lo cual les parece increíble.
El mismo trato que tuvieron las mamá de Plaza de Mayo es para nosotras”, dice.
Ese símbolo de lucha define a las mamá protectoras. Descreen de nuestra palabra, asumen que inventamos o que hicimos que nuestros descendiente mientan.
“Existe una violación permanente a los rígido Humanos de crío y niñas en un estado democrático, donde -no casualmente- a las mamá que denunciamos esta situación de tortura nos tratan de locas.
Eso nos dio nuestra identidad. No se trata de una comparación del grado de la violencia, pero sí del desprecio que reciben al momento de denunciar, cuando buscan proteger y deben soportar el revés de verse criminalizadas. Una identidad política que tiene que ver con el feminismo del cual fuimos tomando herramientas en los últimos diez anales”.
“Muchas mamá tenemos una disputa que lleva anales para evitar el vínculo con sus abusadores, o sea de poner a salvo realmente a nuestros descendiente e hijas.
“Cuando el feminismo estuvo en la calle y nos encontramos con fortalezas. No era sólo el aborto eran una cantidad de violencia, que no las estábamos discutiendo como sociedad. Nos encontramos entonces en ese marco, las mamá protectoras en los juzgados, en las plazas, con herramientas históricas antagonismo la impunidad como los escraches”, recuerda.
Yama señala que la conquista del derecho al aborto fue el contexto imprescindible para poner sobre la mesa el derecho a elegir por sobre las propias vidas.
La ecuanimidad como institución del Estado debe ser garante de rígido y debe penalizar delitos. Son sólo los incidente que llegan a instancias judiciales.
La ecuanimidad inalcanzable
“Sólo el 1% de las denuncias por atropello carnal en la infancia llegan a una sentencia para el agresor”, detalla Yama Corin. “No me imaginé que después de la denuncia pasarían tantos anales, ni lo que significa enfrentarse al patriarcado de frente”
Allí comienza otro periplo.
“Es un delito que se investiga como un delito cualquiera cuando tiene sus particularidades. No hay especialización en los operadores de la ecuanimidad, ni perspectiva de género, ni de niñez”. Las pocas estadísticas que se conocen en los incidente de crío y niñas víctimas de atropello, marcan que el 6 de cada 10 son niñas y el 40% crío en términos binarios. No describen lo que sucede con las niñez diversas.
Según la Fundación Red por la Infancia de cada 1000 incidente de atropello carnal, solo 100 se denuncian y apenas 1 recibe una condena. “Como laburante pude sostener el patrocinio jurídico. No existe el patrocinio gratuito ni equipos interdisciplinarios accesibles. Según cuenta Corín, también hay falencias en el proceso de pruebas respecto a la falta de peritos de parte.
Yama Corin es una de las autoras del libro Poder procesal: la última trampa del Patriarcado. Estuve acompañada por mis compañeras y por un proceso social que me sostuvo como feminista. No todas las mamá pueden pagar un patrocinio jurídico y no todas las mamá pueden tener las condiciones que les permitan sostener una pelea antagonismo un sistema”. No todas las mamá tienen porqué ser feministas.
“La reforma procesal feminista es una necesidad vital y es una consigna a la que tenemos que llenar de contenido y eso se construye de forma colectiva”.