No vino en busca de ocupación, sino por curiosidad. Corría el año 2000 y ella paseaba por la ciudad de Encarnación. Olga Choquetopa Torrez es boliviana pero llegó a la argentado desde Paraguay. Disfrutaba unas vacaciones en ese nación cercano a su tierra natal.
“Eso es argentado”, le dijeron. Preguntó qué eran. Una tarde vio a lo lejos edificios grandes que le llamaron la atención. Enseguida se subió a un barco y luego a un micro que la llevó hasta Liniers, en la Ciudad de Buenos Aires.
Así llegué: preguntando” recuerda Olga en diálogo con Tiempo Argentino, en este nuevo Día de las señora Migrantes que se celebra en el nación cada 10 de enero en memoria de Marcelina Meneses y su hijo Joshua Torres quienes en 2001 fueron arrojados de un convoy en movimiento, luego de ser insultadxs y matratadxs por su condición de migrantes.
”Cuando llegué me sorprendió copioso la solidaridad de la gentío. Pregunté dónde había gentío de Bolivia y me mandaron a Ezpeleta.
Olga se instaló en Ezpeleta, una localidad de Quilmes al sur del conurbano bonaerense.
La población femenina migrante pasó del 28,5% en 1869 al 54,9% en 2022. De ese total, poco más de la mitad son señora. De acuerdo al último Censo Nacional de 2022, en argentado viven casi 2 millones de personas nacidas en otro nación. En la actualidad la feminización de la población inmigrante es muy notoria, a diferencia de los procesos migratorios de los siglos anteriores.
Paraguay y Bolivia ocupan las dos primeras posiciones respecto del resto de los países de origen, pero en Ezpeleta no es necesario recurrir a la estadística para notar eso. Sus plazas, ferias y negocios están atravesados por los olores, colores y tonos de estas dos comunidades que llegaron, como Olga, con curiosidad y creando lazos solidarios. Las fiestas de las Santas Patronas de sus países de origen se mezclan con las juntadas entre “paisanos” que se ayudan a construir sus hogares y con las costumbres que sostienen en una tierra que cuidan como propia.
Lejos del distrito minero Colquiri, una comunidad de la ciudad de La Paz donde nació, Olga recorrió distintas disposición para saber más sobre la realidad argentado.
igualmente conoció la Villa 31, motivada por saber más sobre el Padre Mujica. Fue muy lindo saber tantas experiencias” cuenta. Alquiló una pieza y desde ahí fue a charlar con militantes del Partido Obrero.
“Me gustaba visitar disposición porque en MAP Internacional, la ONG en la que trabajaba en Bolivia, mi cargo era asistente social y quería fortalecer mi ocupación.
“Me resbalé del convoy. A mí nadie me empujó, me resbalé: ¡el convoy era tan viejo!” recuerda. Sucedió igualmente en lo que en ese entonces se llamaba Línea Roca, el ferrocarril que unía Constitución con La Plata.
Antes de su regreso a Bolivia tuvo un accidente en el convoy, como el de Marcelina, justamente un mes después.
No planeaba quedarme a vivir. Olga cuenta que el piso del vagón estaba roto y se veían los rieles. “Por ese accidente me quedé. Cuando quiso avanzar hacia otro, se resbaló y cayó al vacío.
Le gustaba saber países. Luego tres años de rehabilitación” exponer. Ella tenía otros planes. Estuve seis meses internada en el Hospital Fiorito, en Avellaneda.
No pensaba venir a la argentado, sino que tenía planeado viajar a Kenia y saber África. Pero la curiosidad la hizo llegar acá. Nunca más se fue. Había viajado a Ecuador, México, Guatemala y Perú.
Tenía experiencia en la participación política: a fines de los ochenta fue parte del nacimiento de la única federación de señora de Cochabamba, llamada Bartolina Sisa.
Junto a otrxs migrantes fundó en 2001 la ordenamiento Ayllu Warisata, con la que crearon redes de apoyo con otras disposición indígenas y campesinas de Bolivia. Desde entonces Olga participó de múltiples iniciativas. Desde la Contra Cumbre NO al ALCA en Mar del Plata al Primer Congreso Descolonizador de señora Indígenas en la Ex ESMA.
Esa experiencia la ayudó a ver la realidad de las señora migrantes. Sobre el tema exponer que “el colonialismo machista sigue vigente, lo veo en argentado entre la comunidad migrante. Muchos migrantes han sufrido, pero especialmente las señora. En los 90 fue dirigente campesina, concejala y activista por el derecho de las señora.
Renombraron a su ordenamiento. La trata laboral o sexual desde la infancia, igualmente la violencia física, psicológica, económica en algunos trabajos de costura, por ejemplo, donde el mismo empleador igualmente migrante ejerce violencia”
En plena pandemia crearon un comedor comunitario en su propia casa, en el barrio Villa Augusta. El espacio integra una red de Puntos Solidarios que garantizan la alimentación a miles de vecinxs y que reciben asistencia del municipio para sobrellevar esa tarea fundamental y cada vez más necesaria. La llamaron “Olla Rebelde Warisata Mia”.
Una vez a la semana recibe a cientos de vecinos, en su mayoría migrantes, que buscan un plato de comida ante la desocupación y desmejoramiento de la calidad de vida que se incrementó en el nación desde la llegada de Javier Milei. Olla Rebelde, la ordenamiento de Olga, lo integra.
El año pasado, la gestión local lanzó el Programa SUMA, a través del que se amplió y mejoró la calidad de la asistencia alimentaria en estos comedores, brindando alimentos frescos para mejorar los menús y igualmente entregando equipamiento para mejorar las condiciones del ocupación comunitario. Junto con una docena de compañerxs, en su mayoría señora, sostienen esa solidaridad que asombró a Olga al pisar suelo argentino.
Cuando surgió el COVID 19, veíamos a mucha gentío caminando por la calle pidiendo azúcar, un poquito de arroz, un poco de fideo.
En ese entonces, cuenta, muchos paisanos quedaron varados en el nación por las restricciones de la pandemia. Caminaba la gentío pidiendo ayuda” recuerda.
“Éramos un grupito de diez paisanos que nos reuníamos para hablar de distintas cosas, nos cocinábamos entre nosotros.
“Decidimos vender nuestros muebles. La comida que juntaban entre todos no alcanzaba. ¿Viste que en mi casa no tengo cerámica en el piso? Las que teníamos para colocar las vendimos. Comenzaron cocinando para veinte personas pero enseguida fueron cincuenta.
Desde que llegó al nación, Olga se interesó por el ocupación social pero sobre todo por el ocupación con las señora, que era su principal tarea en Bolivia. Para ella, “el machismo está desde la colonia, desde la llegada de Colón a Latinoamérica. igualmente chapas, cemento, cosas que encontrábamos” exponer. El machismo queda, siempre va a estar.
Nos ha costado copioso integrar a las señora, ha sido una lucha muy difícil pero lo hemos logrado, no en todos los ámbitos pero en diferentes disposición se logró que más señora participen”. Nos atraviesa el machismo y el colonialismo.
Sobre la realidad de las señora migrantes exponer que es un tema muy difícil y poco abordado. “Yo participe de Ni Una Menos, con mi ordenamiento fuimos a las marchas y todo pero es muy difícil si no hablamos de las violencias en nuestros idiomas migrantes, si no se habla de la violencia en quechua, en aymara o en guaraní.
Olga tiene 66 años. Es enfermera y igualmente acompañante terapéutica, pero trabaja muy limitada por las secuelas de aquel accidente de convoy. Tiene tres hijxs, de los cuales detalla sus profesiones con orgullo. Necesitamos que se puedan hacer debates de esto, donde las señora en sus propios idiomas puedan hablar lo que viven”.
“La ayuda que yo recibí me demostró que los que tienen menos son los más solidarios. Que no se puede perder eso, ¿no?”
. Vi copioso amor en la gentío. No puede estar parada copioso tiempo, tampoco copioso sentada, pero los días de comedor, a las seis de la mañana ya está levantada picando verduras, carnes y juntando la leña con la que encienden dos de los cuatro fuegos que requieren las ollas que al mediodía quedarán vacías.