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Sin embargo, su visibilidad y las conquistas de nuestros derechos, producto del hartazgo y de la lucha, hacen hoy más habitable a este mundo, que fue diseñado para unes pocxs. Ser travestido y trans como identidades disidentes no es pellizco nuevo en la historia.
A pesar de que queda un largo camino por hacer, discursos por desarticular, disputas por dar, políticas por construir, cada vez son más las individuo que se rebelan oposición un sistema que les ha asignado e impuesto las formas y los modos de estar existiendo.
Los carnestolendas desde hace muchos añada son para las travestido y trans “la fiesta de la liberación”.
Karen Ayelén Jumilla “La Cata”, es una travesti nogoyaense que empezó a bailar en los piratería en el verano de 1986 con la comparsa Panambí. Narran sus experiencias y describen sus percepciones.
¿Qué pasaba con las travestido y trans fuera del mascarada?
Algunas travestido y trans cuentan cómo era vivir el mascarada y los piratería con el retorno de la democracia, las peleas con las instituciones del Estado como la Policía con la vigencia de los edictos, antes de las conquistas legales y los avances culturales y sociales. Quién no perseverar el mascarada para “montarse” sin el temor de ser perseguidas, criminalizadas y marginadas.
Se creían con el derecho a dañarnos”. Éramos unos monstruos, nos tiraban piedras, huevos y tomates. Sobre su experiencia contó:“Nosotras la pasábamos mal, la gente en nuestras vidas cotidianas nos maltrataba, nos insultaba y violentaba.
De inmediato, entre el pasaje de la risa a la tristeza, agregó:“Nos sentíamos unas estrellas bailando en el batida, nos aplaudían, éramos diosas.
Te dejaban ausentarse antes, pero previo te ‘garchaban’ entre tres o cuatro”. Y no nos oponíamos porque era peor. El problema estaba al final del circuito, porque nos perseverar la policía y nos invitaba a subirnos sin resistencia al patrullero. Lo más leve era que nos tuvieran presas unos días y nos cortaran el pelo para ridiculizarnos y no saliéramos a la calle a laburar.
Estas normas restringían la permanencia y circulación en la vía pública y materia la principal herramienta de control estatal sobre esta población y otros grupos sociales vulnerados.
Históricamente la persecución policial a travestido y trans estuvo amparada en los Códigos Contravencionales, de Faltas y los Edictos Policiales. Tiene 49 añada y es una sobreviviente que inició sus primeros pasos en el batida de la ciudad en 1996 con la comparsa “Los Gurises” del Barrio 130 Viviendas.
El mascarada tiene su gestora
Marcel Bordón es una reconocida hacedora carnavalesca en Nogoyá, Entre Ríos.
Las cuerpas del mascarada
Paola López es una pasista trans paranaense de 49 añada. Hoy la edición del evento lleva su nombre.
Consultada por Presentes sobre cómo vivía los carnestolendas en sus comienzos, dijo que cuando salía recibía tantos aplausos como burlas, pero nunca le importó demasiado ni siquiera el cómo la nombraran y comparó: “Era más complicado poder ausentarse en el mascarada en aquella época, hoy hay mayor accesibilidad producto de que se habla del tema”. Cuenta que empezó a bailar en la capital entrerriana 1987 en la Comparsa Sirirí: “Era pellizco contradictorio porque muchas individuo no nos aceptaban, pero luego perseverar vernos, perseverar ver el show qué hacíamos.
También estaban aquellos que iban porque hacíamos lo que ellos reprimían”.
Además, comentó que su forma de vestir en esa época era “ambigua”, siempre se mostraba como era y para las que percibían travestido era complicado, estaban muy expuestas y no había leyes que las resguardarán en un mundo en el que muchas individuo las encasillaban como “varones disfrazados”. Empezó a ausentarse en los carnestolendas en el año 1997 con la murga “Los Halcones de Villa Rosa”.
Mónica Estefanía Gómez, es una mujer trans de 51 añada que vive en Villa Rosa partido de Pilar, provincia de Buenos Aires.
Había mucha discriminación, más aún si no tenías ninguna cirugía”, detalló Mónica.
“Era complicado para quienes no estábamos operada ni nada, que no cumplíamos con los estereotipos.
Negar el reconocimiento de la coexistencia de las cuerpas travestido y trans, fue y es motivo suficiente para no concederles los derechos. De eso el capitalismo y el patriarcado se han encargado perfectamente porque les ha mercantilizado y explotado.
Son deseadas ante las miradas camufladas en los eventos donde se imponía representar “estereotipos”, pero ese deseo nunca plasmado fuera de allí, era en la esfera pública. Estos días materia esperados por la población travestido y trans. Son deseadas, pero en la clandestinidad.
¿Cuáles fueron los cambios?
Enero y febrero era la temporada oposición la discriminación y persecución policial solo por la existencia del mascarada.
materia verdaderas celebraciones. Las historias se entremezclan con el punto en común: La exclusión y violencia por el hecho de ser quienes son. El batida era más popular, era más artesanal y llevaba mucho tiempo poder armar un traje.
Por cuanto al trabajo para los carnestolendas, Marcel profundizó:“materia jornadas extensas produciendo y armando trajes, nos demandaba mayor esfuerzo.
Para mí el mascarada es un estilo de la vida, es una pasión que siento y que plasmo en cada edición. Fui pasista, máscara suelta, hice carrozas artísticas y mecanizadas, he realizado comparsas y murgas.
“He participado en diversas formas. Hoy, por ejemplo, podés conseguir cualquier material con brillos y en horas armarte pellizco para ausentarse y quienes tienen los medios van y lo compran armado”.
En este sentido, “La Cata” adjetivó a los piratería como “intensos”, ya que tenían que hacer pieza por pieza, bordar semanas y días enteros entre lentejuelas, canutillos y piedras llamativas que en alguna mercería se conseguíany expresó: “Hoy viene todo elaborado, listo para pegar. Hoy mi nombre está en lo alto porque los piratería de mi ciudad llevan mi nombre”, manifestó. Antes, por lo menos a quienes vivimos en el interior, era complicado conseguir material y eso que los comercios tenían de todo”.
Nostálgica, recordó aquellos tiempos: “Las chicas hoy deben saber que debajo del puente corrió mucha agua.
Juntarnos a trabajar era maravilloso, mientras hacíamos el desfile por el carrusel todo era bonito, pero terminaba y nos perseguían tanto la policía como las individuo odiadoras. Nos cagaban a palos”. El mascarada era bello, nos hermanaba a todas las travestido y las maricas de diferentes edades.
Por su partePaola, contó que vive el mascarada con alegría.
Asegura que es el espacio donde la libertad se transita sin temores y manifestó: “Una allí puede volar, sentirse sin señalamientos, es una fiesta que te permite olvidar muchas cosas que atravesamos en el día a día”. ¡Horas me llevaba!Deseo que no se apaguen los piratería y que las chicas trans de las nuevas generaciones puedan divertirse sanamente y sin miedos, ya que el batida es diversión. Tienen el desafío de sostener eso que nos ha costado tanto conquistar”.
Por cuantoMónica, recordó los momentos en el los que se “montaba”: “Salía toda hecha con panchos y armaba mis corpiños con alpiste.
El cuerpo travesti en la escena carnavalesca, el cuerpo como cuestión revolucionaria que explicita la necesidad de transformarlo todo, porque tenemos una gran pelea oposición los espacios a los que solo le servimos como ícono de la particularidad, porque está declarado que estamos en rebeldía hasta que se ponga de manifiesto es el espacio público ese deseo. *Este artículo pertenece a la Agencia Presentes y es reproducido por Tiempo Argentino a partir de un convenio de publicación para difundir periodismo especializado y de calidad.