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Actualmente viven 8 señora cis y trans, tres niñes, cinco gatos y un perro. Un sueño, una urgencia, un deseo. morada Andrea, la vivienda transfeminista, gestionada por las organizaciones No Tan Distintes y Yo No Fui, se inauguró en 2024, uno de los años más difíciles para la población LGBT.
“No tenemos una receta de cómo se construye una morada colectiva.
Además, hay dos cuartos para situaciones de emergencia y una sala de reuniones. “Todos estamos aprendiendo, nos estamos conociendo en profundidad”, agrega. Somos dos colectivos que tienen sus lógicas, sus modos de trabajo, sus concepciones de organización, muy hermanas, muy parecidas, pero a su vez diferentes”, cuenta Alejandra Rodríguez, integrantes de Yo No Fui, una organización transfeminista y anticarcelaria.
La morada tiene dos plantas y habitaciones para cada una de las señora.
Ambas organizaciones fueron vitales en el acompañamiento de la mujer en los meses siguientes a la masacre del hotel California.
Todos los lunes, en una de las salas de la enorme morada, ubicada en el límite del barrio de Balvanera y Recoleta, se realiza una reunión entre las dos organizaciones y las habitantes para gestionar una convivencia amable. Cuando se inauguró la morada, Sofía Castro Riglos, la única sobreviviente del triple lesbicidio de Barracas se mudó allí.
La morada fue construida hace un poco más de un siglo.
Con el tiempo, Mabel quedó sola y no tenía en claro qué hacer con el espacio. Durante un tiempo alquiló para estudiantes o personas que llegaban a estudiar en Capital Federal. Le habían ofrecido acondicionarlo para hostel pero la idea no le convencía. Mabel vivió allí con su mamá y su papá.
Sentadas en el living de la morada, las chicas bromean entre ellas. En un contexto tan complicado, eligió poner a disposición el espacio y, tras investigar el trabajo de Yo No Fui y No Tan Distintes (NTD), lo ofreció. Hablan de las cosas de la morada y se divierten con uno de los cinco gatitos que viven en el lugar. Tienen un organigrama pegado al lado de las escaleras, al ingreso del hogar.
Conocimos al colectivo y estuvimos juntas en un taller de poesía dentro de la cárcel en el 2008.
“Con Pipi (Gaby) nos conocemos hace más de 20 años. Nos conocimos en la calle estuvimos juntas, en el instituto de menores, en la cárcel. Vienen de recorridos diferentes, pero las une las ganas de construir su energía compartida.
“Intensidad es lo que no falta acá”, dicen las chicas que viven en morada Andrea. Marlene es una mujer trans salteña que salió de la cárcel en 2024 luego de estar 17 años presa. Allí conoció al colectivo Yo no fui porque asistía a un taller de literatura. Salimos y después de millones de conflictos y de cosas que nos pasaron estamos conviviendo en un espacio colectivo comunitario que no tiene nada que ver a lo que nos llevó a convivir juntas 20 años atrás”, cuenta Eva.
“Es todo un aprendizaje. También viven allí Paula, Belén, Eva, y Gabriela. A su salida, siguió trabajando con la organización y hoy es parte de morada Andrea. “Si no tenía esta posibilidad, me voy a la calle”, dice a Presentes.
La energía colectiva es un cambio de 360 grados de vivir, pensar, sentir todo colectivamente”, coinciden.
Marlene estableció el sistema del semáforo. De acuerdo a cómo se siente, pone el color rojo, el amarillo o el verde. Sus compañeras de morada ya saben cómo acercarse.
Paula llegó por No Tan Distintes a partir de su paso por Frida, un centro de integración comunitaria. “Estuve mucho tiempo en consumo, casi 15 años en la calle. Dice que por ahora funciona muy bien y eso garantiza que no haya roces. Vivir en comunidad requiere de estrategias.
Y me acerco a No Tan Distintes que siempre fue un pilar enorme para mí”. “Hasta nuestras familias nos dicen que no vamos a poder cambiar ni salir de la que estamos. A los 41 decidí de dejar la calle, ponerme las pilas y tener otra energía.
Paula destaca el trabajo de las organizaciones que no tienen una mirada estigmatizante.
Las compañeras que tienen hijes, tienen la pieza para sus hijes y eso es súper groso”. Y en realidad, a nosotras se nos complica un poco por ser de la cárcel, por haber estado presas, por drogarnos. Gracias a Yo no fui y No tan distintes tenemos esta oportunidad de poder vivir dignamente, tener nuestro baño, nuestra cama, nuestra pieza. No nos creen.
“Para mí fue uno de los peores desde que salí de la cárcel, hace 12 años.
El primer año del gobierno de Javier Milei no fue fácil para las diversidades ni para las señora en situación de extrema vulnerabilidad. Me quedé sin trabajo después de haber conseguido un empleo en el Estado que para mí no era algo menor. La estigmatización, los discursos de odio, los ataques constantes desde el mismo gobierno nacional, más un ajuste económico feroz las afectó directamente.
Es mamá y cría sola a su nene. También formaron una alianza con la Asociación de señora Meretrices de Argentina (AMMAR) y son parte de Mostri, un espacio que formó en marzo pasado.
Tanto Yo No Fui como No Tan Distintes participan en forma activa en la Asamblea Antifascista que convocó a la gran marcha que se realizó el 1 de febrero en todo el país. De un día para el otro lo perdí y hasta laburé dos meses gratis con las expectativas de recuperarlo”, cuenta Eva, quien trabajaba en un programa de promoción de derechos dentro de la Secretaría de la Niñez.
Toda esa confluencia también hizo que nos unamos”, cuenta Ariel de Yo No Fui. “Militar acompañando a las personas en situación de calle y querer militar el antipunitivismo eso ya te ubica en un lugar Mostri”, agrega Alejandra.
El atroz triple lesbicidio de Barracas ejecutado por Juan Fernando Barrientos las marcó.
“Lo Mostri para nosotros tenía ese carácter de pensar más allá: puede ser tu paso por la cárcel, puede ser el consumo, que seas disca, que seas trava, que seas marrona.
“En ese caso, había toda una precariedad de la energía y un estado ausente”, aporta Eva.
“En lo particular me dolió mucho porque fueron compañeras que estuvieron en paradores conmigo”, dice Belén. A través de las organizaciones las señora tuvieron una participación activa en el acompañamiento a Sofía y en el pedido de justicia. “Es lo que hacemos nosotros en nuestro cotidiano.
Y eso hace que Sofi esté acá y que seamos parte de su energía. Hace poco murió una compañera en la cárcel de Ezeiza por una inhalación de humo, por un incendio que hubo en una celda de castigo. Y de su red y de su afecto”. ¿A cuántas personas prendieron fuego en situación de calle? Todo eso terrible que en el lesbicidio de Barracas es muy visible es parte de nuestro cotidiano de siempre.
Estamos trabajando a nivel de las de la energía de la micropolítica y generando de ahí transformaciones subjetivas y transformaciones estructurales en nuestras vidas.
“Esta morada es una respuesta a la pregunta de dónde están las feministas, en un sentido micropolítico”, dice Alejandra. “Nosotras no estamos en los programas de televisión diciendo soy feminista o el pañuelo verde o tal cosa.
En diciembre de 2024, un fallo del Juzgado de Primera Instancia en lo Contencioso, Administrativo y Tributario N° 23 ordenó al Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires (GCBA) que garantice a Sofía Castro Riglos, única sobreviviente del triple lesbicidio de Barracas, el acceso a una vivienda en condiciones dignas y con urgencia.
Estamos tratando de componer vidas más vivibles”. Estamos acá, así como estamos en las marchas feministas o defendiendo la universidad pública. Lo vengo postergando por muchas cuestiones.
-¿Qué sueños tienen para la energía que viene?
Marlene: –Mi sueño es recibirme de algo.
Pero creo que empecé desde que salí de estar presa empecé a hacer cosas que me gustan. La organización de Yo No Fui, día a día me va enseñando cosas nuevas, incluso hasta mi manera de hablar. Mi sueño es poder el día de mañana llegar a ayudar a otra gente lo que necesite, así como me están ayudando en este momento. Me gusta mucho aprender todos los días.
Me cuesta, pero estamos aprendiendo. Y que tengamos súper herramientas para poder seguir bancando casas y para poder seguir bancando pibas.
Gaby: –Esto es para crecer y para que sigan funcionando nuevas casas colectivas, que tengamos herramientas con esta morada. Siempre el sueño está en que las pibas vivan dignamente
Paula: Yo estoy aprendiendo todo, todo para mí.
Nosotras estamos materializando un sueño, que ya se hizo material.
Eva: -Sumado a esto que dicen las compas, medio estamos en ese proceso de ir experimentado todo esto. Y hoy en esta morada se están materializando un montón de deseos. Hace dos años nos estaban desalojando y dejando en la calle con todo.
Para mí esto es un sueño cumplido y veremos en el tiempo cómo ese sueño crece y cómo nos transformamos y cómo se multiplica.
Belén: – Mi sueño es que haya cien casas, miles de casas. La nota fue publicada originalmente por nuestro medio aliado Agencia Presentes. Multiplicar las casas.