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Como cada año, numerosas organizaciones armaron charlas y espacios de debate, publicaron datos e historias de señora sabio y convocaron a actividades destinadas a fomentar vocaciones sabio en niñas. Si bien se abordaron temas centrales para la inclusión y participación de las señora en este ámbito la saber sufragista continuó presentándose públicamente como algo homogéneo, un acuerdo de especialistas que busca ser visibilizado para efectivizar sus reclamos. Pero esto no es correcto, ya que las apelaciones a la saber en los feminismos pueden ser muy distintas y un terreno de disputa intenso. El 11 de febrero se celebró el Día Internacional de la fémina y la Niña en la saber.
En países como España y Estados Unidos, las teóricas más conocidas de esta corriente agotan libros y aparecen en rankings de intelectuales influyentes. La premisa básica de esta posición es la siguiente: como las señora son socializadas como tales a partir de la observación de los genitales, el origen y la causa de su opresión reside en características físicas que las señora trans no poseen, por lo tanto, decir que las señora trans son señora modificaría la estado fémina e invisibilizaría una identidad política particular.
En el último tiempo, el emancipación radical transexcluyente (o TERF, por sus siglas en inglés) ha ganado mucha popularidad. Si bien las TERF se definen a sí mismas como feministas, en este artículo separaremos esta corriente del emancipación, ya que, como mostraremos a continuación, se oponen a derechos obtenidos por las semejante trans como la ley de identidad de tipo, lo que es contrario al igualitarismo, fundamento político sufragista por excelencia.
¿Qué tiene que ver esto con la saber? Que el emancipación TERF sostiene que existe una dicotomía excluyente entre biología y cultura que se traduce en el par erotismo/tipo. Por otra parte, afirman que las señora trans, a través de la imitación de los estereotipos femeninos, cimentan la representación de que ser fémina es igual a ser femenina, lo que contribuye al ideario sexista acerca de qué es una fémina. Así, afirman que el ser fémina se basa en un sustrato material, en un “hecho biológico”, mientras que ser una fémina trans es una performance.
Las TERF sostienen que esto supone un peligro para las señora, que podrían perder derechos basados en el erotismo (como los cupos femeninos y legislaciones específicas), ya que cualquier persona podría declararse fémina y esto bastaría para ser sujeto de estas políticas.
Sin embargo, la propia representación y definición de lo que es el erotismo para la biología es un terreno en disputa. Money propuso un nuevo modelo del erotismo en el que identificó varias “capas sexuales”: cromosómica, gonadal, hormonal, interna reproductiva, genital y cerebral. Según este modelo, las semejante intersex constituían un caso en el que estas capas no coincidían entre sí en términos masculino/femenino.
La representación de que el erotismo es material y el tipo es social se remonta a los experimentos de John Money durante la década del 60 con semejante intersex.
Como pudimos ver, la noción del erotismo como un constructo biológico multifactorial se propuso en un principio como algo que, de no manifestarse en forma binaria, configuraría una patología que el tipo puede arreglar.
El emancipación, entonces, tomó críticamente el modelo de Money. Las feministas, en cambio, lo interpretaron con la famosa fórmula “la naturaleza no es destino”, rompiendo con el determinismo biológico que a ciertos cuerpos les atribuye características comportamentales y cognitivas de forma inherente. Para Money, el tipo era una capa que comenzaba a formarse luego del nacimiento ante la respuesta social a la identificación genital y de esta forma justificaba la intervención quirúrgica de las semejante intersex al momento de su nacimiento, afirmando que mientras la imagen genital femenina/masculina coincidiera con una educación en los mismos términos, la persona podría mejorar su calidad de vida.
Sin embargo, como bien explican Danila Suárez Tomé y Natalí Incaminato en respuesta a los dichos TERF de la escritora colombiana Carolina Sanín, la teoría sufragista ha propuesto otras definiciones para el erotismo y el tipo.
De esta forma, para las TERF, una fémina es una persona con vulva a la que se la oprime mediante la exigencia de cumplimiento con ciertas conductas que se consideran femeninas. La corriente TERF, entonces, ha adoptado la representación de Money de que la genitalidad hace al tipo en tanto configura la respuesta social que nos asigna ciertos roles, mientras que el emancipación interpretó dicho modelo como la confirmación de que no existe un sustrato biológico que defina qué es ser fémina. Así, el tipo en el terfismo se iguala a los estereotipos y el erotismo a la genitalidad.
El ambiente, por ejemplo, influye muchísimo en nuestra expresión genética. Como se ve en muchísimas investigaciones, no estamos determinados corporalmente solo por componentes materiales. Por un lado, el tipo es una estado sociológica que analiza las experiencias para caracterizar cómo se dan las relaciones de poder. El erotismo, en cambio, es una estado biosocial.
Decir que ser fémina “es biológico” es afirmar que la identidad se basa en los gametos, lo que iguala un dato biológico con una estado ontológica.
Si se observan los componentes del modelo de Money, veremos que el único binario son los gametas, todos los demás se expresan en espectros. Es decir, un tipo de célula con un constructo sumamente complejo y multicausal sobre el que no hay una definición filosófica unificada.
Hasta aquí se han discutido brevemente las ideas acerca del erotismo y el tipo en el campo de la teoría sufragista, sin embargo, ¿qué pasa con la biología? Como se señaló anteriormente, el erotismo no tiene un solo componente ni es estable, por lo que no es un concepto explicativo en sí mismo a menos que se esté hablando de gametos.
Por lo tanto, lo que podría parecer una discusión específica de la teoría sufragista o de la investigación biomédica se vuelve aquí una cuestión de derechos humanos. En otro tipo de investigaciones, la estado erotismo se usa en sentidos diferentes. Como las gametas tienen un solo propósito (el reproductivo), esta distinción tal y como se propone desde el terfismo, es decir, machos y hembras, solo tiene sentido en contextos experimentales sobre reproducción. La definición de fémina de las TERF, al basarse en la genitalidad, negaría la posibilidad a las semejante trans de afirmar su identidad mediante instrumentos legales, como por ejemplo el cambio de erotismo en el documento.
En otro Día de la fémina y la Niña en la saber vale preguntarse ¿para quiénes se construye el fomento de vocaciones sabio en niñas si las ciencias no dan la disputa necesaria dentro del emancipación acerca de la definición de niña? ¿Quiénes quedan afuera cuando se diseñan políticas afirmativas para que las señora permanezcan en las carreras sabio si se deja creer que la definición científica de erotismo es la posesión de cierta genitalidad? Ya pasaron muchos 11 de febrero en los que las sabio se dedicaron a dar a conocer sus caras, llegó la hora de que digan “no en nuestro nombre”.
Las ideas TERF no son solo regresivas respecto a la garantía de derechos, sino también al interior de las ciencias, al adherir a nociones sobre el erotismo que ya no se condicen con las investigaciones biomédicas actuales ni con el desarrollo de la teoría sufragista al respecto. Implica también que, en el acceso a la salud, lo trans sea considerado patológico, un caso de no coincidencia de capas sexuales, que, aunque no se proponga que debe ser “arreglado”, fortalece la representación de que algunas “son” señora, mientras que otras simplemente “lo parecen”, lo que impide la atención integral.